Día Mundial de la Trombosis

Movimiento global del Día Mundial de la Trombosis

Historias personales

Kevin Wilson

Carolina del Norte, EE. UU

Luego de más de 30 años trabajando como paramédico en Durham, Carolina del Norte, EE. UU., Kevin Wilson se despertó una mañana de enero de 2010 sabiendo que esa vez le tocaría el papel de paciente.

"Me desperté y sentí de inmediato que el pecho me había implosionado", dijo Kevin. "Sentía un dolor tremendo en el pecho. Miré a mi esposa y le dije: 'Tengo un problema'".

Kevin llamó a una ambulancia y en minutos los paramédicos, que eran sus aprendices, estaban trabajando para salvarle la vida.  

"Miraba a esas personas que había entrenado yo o a quienes al menos les había brindado una formación médica continua por años", sostuvo Kevin, quien era en aquel momento el coordinador educativo de los Servicios Médicos de Emergencia del Condado de Durham. "Simplemente les dije que hicieran lo que les había enseñado… Pensaba que, si tenían que equivocarse, debían hacerlo conmigo porque yo era el responsable de su formación". 

Los compañeros médicos de Kevin lo acompañaron rápidamente al hospital donde le diagnosticaron una embolia pulmonar (EP) cabalgante, un gran coágulo de sangre que bloquea la principal arteria pulmonar desde el corazón en el lugar donde se divide en dos arterias principales que van a los pulmones. 

"Asusta cuando es uno quien va en la ambulancia y uno piensa: 'Probablemente no voy a sobrevivir este evento'", recuerda. "Cuando dijeron que era un émbolo cabalgante, supe que se trataba de una amenaza inminente". 

Kevin estaba sufriendo un dolor insoportable que describe como si tuviera el pecho en llamas, ardiendo constantemente. "Tomo muy pocos medicamentos, pero cuando dijeron que me iban a suministrar narcóticos, les pedí que abrieran la bóveda farmacéutica. Y supieron que hablaba en serio".

Tras el diagnóstico en el hospital, a los médicos aún les preocupaba que no sobreviviera, incluso con las mejores intervenciones médicas. A pesar de que Kevin estaba medicado para disolver el coágulo, los médicos temían que el bloqueo pudiera correrse en cualquier momento y ocasionarle la muerte. 

Unas horas después, cuando su esposa intentó salir de la habitación para traerle algo de comer, los enfermeros la hicieron volver por temor a que Kevin no siguiera vivo cuando ella regresara.

"Estaba 99 por ciento seguro de que no saldría del hospital" dijo Kevin. "El término que todos usaban era 'masivo'. Todos nos decían que nunca habían visto a alguien sobrevivir a un émbolo tan grande".

Desafiando las expectativas, Kevin sobrevivió con mínimos efectos posteriores. Tras cuatro días de reposo en cama y cinco días en total en el hospital, Kevin fue dado de alta y le recetaron un anticoagulante para prevenir otros coágulos de sangre. 

Después de un año sin más complicaciones, los médicos autorizaron a Kevin a interrumpir la medicación. Unos meses después, Kevin desarrolló otra EP, que no fue tan grave, pero aun así potencialmente mortal.

Luego de otra visita al hospital y de tratamiento, los médicos le indicaron un anticoagulante oral que Kevin deberá seguir tomando por el resto de su vida. Como él mismo lo describió, es una concesión menor para una tercera oportunidad de vivir. 

En retrospectiva, Kevin no recuerda haber padecido ninguno de los síntomas tempranos normales relacionados con la EP. No sufrió el dolor en las pantorrillas ni la inflamación en las piernas que normalmente acompañan a la trombosis venosa profunda, el precursor más común. 

Sin embargo, Kevin sí reconoce que tenía algunos de los factores de riesgo que más comúnmente provocan un coágulo de sangre, a pesar de las precauciones. Kevin volaba con frecuencia en las semanas anteriores al coágulo y también había sido sometido a una cirugía en ese período, dos factores de riesgo importantes para el desarrollo de coágulos de sangre. También cuanta con antecedentes familiares de ictus. 

Hoy, Kevin está recientemente jubilado y es abuelo de tres nietos, pero aún se mantiene activo dentro de la comunidad médica. Recuerda ese evento como una experiencia que le abrió los ojos con respecto a sus ideas sobre el cuidado de los pacientes.

"Era tan irreal porque generalmente yo soy la persona ayudando al paciente", nos dijo Kevin. "Pero en este caso, yo era el paciente en necesidad de que los demás hicieran lo correcto para salvar mi vida".

Kevin sabe que tuvo suerte de sobrevivir los eventos de trombosis, y lo amerita a la rápida y estupenda atención médica que recibió. A pesar de que no padeció los clásicos síntomas tempranos de la tromboembolia venosa (TEV), Kevin quiere alentar a otros a informarse sobre los signos y síntomas de TEV y consultar al médico si algo no está bien. Si se descubre de forma temprana, se puede evitar la necesidad de una ambulancia y de asistencia para salvar la vida de alguien como Kevin.

 

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