Día Mundial de la Trombosis

Movimiento global del Día Mundial de la Trombosis

Historias personales

Janice Johnson

JANICE JOHNSON

Round Rock, Texas, Estados Unidos

El 28 de junio, 2014, Janice Johnson salió con su perro, King, para la que suponía que sería otra usual caminata por el vecindario, pero todo cambió en un instante. King arremetió contra un conejo y arrastró a Janice. Esa noche, Janice estaba en el hospital y necesitaba cirugía para reparar los huesos rotos, pero el problema no terminó ahí. Más tarde le diagnosticaron una embolia pulmonar (EP), o coágulo de sangre en los pulmones, potencialmente mortal.

"Desafortunadamente, tenía la correa enredada en la muñeca", recuerda Janice. "Lo siguiente que recuerdo es estar tirada en el suelo con el hombro destrozado, un brazo quebrado y dos costillas rotas".

Los médicos la operaron de emergencia e insertaron una varilla de acero en el hombro de Janice. El procedimiento fue tan exitoso que pensaban darle el alta por la mañana, pero Janice sentía que algo andaba mal. Estaba exhausta y no podía recuperar el aliento sin la ayuda de una cánula de oxígeno; no estaba segura de que eso fuese normal después de una cirugía.

"No resisto muy bien la anestesia y estuve tres horas en cirugía. De manera que supuse que estaba así por haber estado inconsciente tanto tiempo", dice Janice.

A sus 57 años, Janice estaba en muy buen estado físico. Ella y su esposo, Reid, acababan de regresar de un largo viaje de campamento en el que caminaron casi todos los días. Sabía lo que era estar cansada, pero esto era distinto. "Quedaba completamente exhausta solo por caminar unos pasos hasta el baño. Recuerdo sentarme en la silla y pensar 'lo único que quiero es dormir'. Algo no andaba bien".

Cuando el médico se presentó para darle de alta, el enfermero de Janice le pidió que controlara el nivel de oxígeno. Estaba tan bajo que el médico ordenó varios estudios de inmediato para verificar la existencia de bloqueos en los pulmones. Dos horas más tarde, los médicos le diagnosticaron una EP, una afección de la cual nada sabía, pero para la cual había presentado muchos de los principales síntomas, según supo más adelante.

"Lo más extraño es que todos los médicos y cirujanos saben que la EP es común después de fracturas óseas, pero transcurrieron dos días sin diagnóstico", dice Reid. "Tras el diagnóstico de EP, comenzaron a tomar medidas extremas para asegurarse de que el coágulo de sangre no se trasladara. Janice quedó internada por la gravedad de su afección, a pesar de que un par de horas antes estaban listos para darle el alta".

En aquel momento, Janice estaba tan exhausta que casi ni pudo reaccionar ante el diagnóstico. "Solo recuerdo que pensaba: 'No puedo lidiar con esto. Voy a dejar que mi esposo y el médico se ocupen'", dice. "¿Conocen esa oración que dicen los niños: 'Si muero antes de despertar, le ruego a Dios que guarde mi alma'?. Recuerdo que solo pensaba: 'Tengo que dejarlo en manos de estos dos hombres porque yo no puedo con esto'".

Lentamente, la afección de Janice comenzó a estabilizarse y ella empezó a tomar conciencia de la gravedad de las circunstancias.

"No sabía cuán grave era hasta que, esa tarde, mis padres y mis hermanos aparecieron al pie de mi cama", recuerda mientras retiene las lágrimas. "Volví a uno de mis estados de ensoñación y de repente estaban todos allí".

Janice permaneció internada unos días más hasta que recibió el alta con la condición de que debía inyectarse anticoagulantes en el abdomen diariamente durante una semana.

Como profesora de ciencias, Janice se siente afortunada de que el accidente ocurriera durante los meses de verano, cuando estaba de vacaciones, pero de todos modos siente que volvió a trabajar demasiado pronto.

"Si tuviera que repetirlo, me aseguraría de esperar otras seis a ocho semanas antes de volver a trabajar", afirma. "Me impidió pasar tiempo con mis alumnos como lo había hecho los 32 años anteriores. Estaba demasiado cansada como para asistir a sus partidos o para las tutorías después de clase. Volvía a mi casa y estaba en la cama a las seis de la tarde".

Más de un año después, Janice se recuperó por completo, pero el proceso fue arduo y prolongado. Además de rehabilitar el hombro y el brazo quebrado, Janice debía tomar anticoagulantes durante seis meses, lo que exigía consultas médicas regulares y supervisión constante. En marzo del año siguiente, calcula haber tenido 152 consultas de terapia y controles, además de la internación en el hospital, con un costo muy alto en los Estados Unidos.

A pesar de todos estos contratiempos, Janice sabe que fue afortunada. Desde el accidente, ha conocido a mucha gente con historias de seres queridos que fallecieron a causa de una embolia pulmonar, pero dice que aún no conoció a otro sobreviviente. "Todos los días me despierto agradecida", dice, mientras la voz se le quiebra de emoción. "Adoro estar viva".

Siempre con alma de maestra, Janice espera que su historia enseñe a otros acerca de los signos y síntomas de la embolia pulmonar y desea especialmente alentar a los pacientes en los hospitales a hablar cuando sienten que algo anda mal.

"La gente dice todo el tiempo que uno tiene que ser su propio defensor y avisar si no se siente bien, pero es difícil hacerlo en esa situación. Uno piensa: 'Estoy paranoica o me estoy preocupando demasiado'", dice. "Pero la gente realmente tiene que hacerse oír. Si uno no se siente bien o siente que algo no está bien, hay que decirlo. Si alguna vez uno está internado y no se siente bien cuando se le da el alta, tiene que hacerse oír y decir lo que siente. Si yo me hubiera ido a casa y no hubiese hablado, hoy no estaría aquí".

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